Era el capitán más prestigioso de la White Star Line. 35 años en la compañía y ni una mácula en el curriculum. A Edward J. Smith (1850-1912) le llamaban el 'capitán de los millonarios'. Más de uno afirmó que no cruzaría el Atlántico si no era con él. Por eso la naviera le puso al frente de los grandes buques: sus dotes de relaciones públicas eran garantía de buenas veladas y su destreza en la cabina, de seguridad para llegar a puerto... Hasta que el hielo se cruzó en su camino.

Nació en una familia humilde de la Inglaterra industrial. Reacio a seguir la tradición alfarera, miró al mar y a los 19 años se embarcó como aprendiz en un velero. Una década después —1880— ingresó en la White Star como oficial. Y comenzó su ascenso. Entre 1895 y 1904 fue capitán del SS Majestic y transportó tropas para la Guerra de los Boers obteniendo el título de comandante honorario de la Royal Naval Reserve. En 1910, ya era el mejor valorado y comenzaron a encargarle los viajes inaugurales de los grandes barcos.

Su reputación se disparaba al tiempo que ascendía en el escalafón social. Antes de capitanear el Titanic, comandó el Republic, el Coptic, el Majestic, el Baltic, el Adriatic y el Olympic, y se había mudado con su mujer y su hija a una imponente mansión en Southampton. Cuando se subió al Titanic tenía 62 años. Mucho se ha especulado con que sería su última travesía ya que pensaba jubilarse después.

Murió heroicamente ahogado la mañana del 15 de abril, al hundirse el RMS Titanic.

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