Mezclar cloro y alcohol, en cualquiera de sus formas (puro o gel), produce cloroformo y ácido clorhídrico, ambos muy tóxicos. Puede causar daños en los ojos y piel, además de efectos en órganos como pulmones, riñones, hígado y el sistema nervioso.

El cloroformo puede causar pérdida del conocimiento, mareos y la muerte en casos extremos.

El cloroformo entra al ambiente como resultado de las actividades en las empresas químicas y las plantas de fabricación de papel. También se encuentra en las aguas residuales de las plantas de tratamiento de aguas negras y en el agua potable que ha sido tratada con cloro. El cloro se añade, para destruir bacterias, a casi todos los sistemas de suministro de agua potable y de plantas de aguas residuales. Durante la cloración del agua se forman pequeñas cantidades de cloroformo, el cual constituye un derivado no deseado

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