El kéfir es una bebida fermentada espesa originaria de la región del Cáucaso. Se elabora a partir de leche fermentada, similar al yogur, pero con un proceso que involucra no solo bacterias del ácido láctico, sino también levaduras. Estas levaduras, como Candida utilis y Saccharomyces fragilis, contribuyen a la formación de dióxido de carbono y una pequeña cantidad de alcohol, lo que le da al kéfir su distintivo sabor y efervescencia.

El kéfir es conocido por sus beneficios para la salud, especialmente en el sistema digestivo. En Rusia, desde 1908, los médicos comenzaron a recomendarlo a pacientes con problemas intestinales debido a sus propiedades probióticas. A diferencia de otros productos lácteos fermentados, el kéfir es más fácil de digerir para los adultos y tiene una vida útil más larga que la leche cruda.

Además del kéfir de leche, existe el kéfir de agua, que se produce mediante la fermentación de azúcar en agua. Ambos tipos de kéfir ofrecen un sabor único y son apreciados por su capacidad para mejorar la salud intestinal y su durabilidad. El pH del kéfir suele oscilar entre 4,2 y 4,6, lo que contribuye a su sabor ácido característico.

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