Cuando se habla de adultocentrismo, se alude a un sistema de opresión olvidado y poco conocido, a pesar de que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad. La dominación del mundo adulto hacia el mundo infantil y juvenil es una práctica social arraigada y que ha ido tomando distintas versiones, pero el razonamiento de fondo es el mismo: el adulto como modelo referencial, que posee la verdad absoluta, nunca se equivoca, el proveedor y dueño del espacio doméstico, y quien posee el control de los cuerpos de los niños, niñas y adolescentes.

Al hablar de adultocentrismo, se tiende a pensarlo como una acción individual de un adulto dirigida a un niño, niña o adolescente, en la que se le discrimina, violenta, controla y oprime por su edad. Esta concepción particularmente la sostiene y reproduce Sename, atribuyendo la problemática a “desajustes” en la crianza, en la línea de “incompetencias” parentales.

Por otro lado Claudio Duarte, sociólogo que ha sido de quienes más han investigado y teorizado este sistema, plantea el adultocentrismo como un modo de organización social que se sostiene en relaciones de dominación en las que las clases de edad adultas definen y controlan el lugar que ocupan en la sociedad a quienes definen como “menores”. Esta concepción nos habla de una manera en la que se organiza la sociedad en cuanto a las relaciones sociales, y particularmente, las intergeneracionales. No hace una formulación desde una lógica individual sino colectiva.

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