El agua es esencial para las vacas, representando entre el 80% y el 90% de su consumo diario de líquidos. Por cada litro de leche que producen, necesitan beber entre 4 y 4,5 litros de agua. Las vacas suelen beber en sesiones cortas, de 7 a 12 veces al día, ingiriendo entre 10 y 20 litros cada vez. Este comportamiento es especialmente evidente después del ordeño y durante la alimentación, momentos en los que las vacas muestran una mayor predisposición a beber.

La falta de agua puede causar estrés en las vacas, lo que afecta negativamente su salud y producción. El estrés hídrico, combinado con altas temperaturas, puede ejercer una presión significativa sobre su organismo y metabolismo. Como consecuencia, las vacas pueden reducir su ingesta de alimentos y, en consecuencia, su producción de leche. Por ello, es crucial garantizar que las vacas tengan acceso constante a agua limpia y fresca para mantener su bienestar y productividad.

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