Los camellos han desarrollado cambios fisiológicos para sobrevivir en ambientes de extrema sequedad y lograr racionar el consumo de agua.

Son capaces de ingerir más de 100 litros de agua en una sola toma, que luego su organismo se encarga de administrar hasta el punto de poder aguantar sin agua durante unos diez días a una temperatura de 50 ºC. De hecho, pueden llegar a perder hasta un 40% de su peso sin morirse. La clave principal se encuentra en sus riñones, que son capaces de concentrar considerablemente la orina para evitar la pérdida de agua.

Pero también se debe en gran a las características de sus glóbulos rojos que, a diferencia de las del resto de mamíferos, presentan una forma oval que aumenta el ratio superficie/volumen permitiendo que el animal tenga menos % de eritrocitos (28% del total de la sangre, mientras que en humanos ocupan el 45%). La forma elíptica les permite fluir y penetrar en los más recónditos capilares incluso en situaciones de alta deshidratación.

Estos glóbulos rojos tienen menos agua que los de otras especies con lo que los cambios osmóticos les afectan menos. De hecho, cuando un animal está muy deshidratado y bebe abundante agua en poco tiempo, la cantidad de agua en el plasma aumenta rápidamente y los glóbulos rojos, no pudiendo adaptarse a ese cambio estallan al absorber más agua de la que les cabe. Este fenómeno se conoce como intoxicación por agua y se ha descrito en multitud de animales. No sufre el camello este fenómeno.

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