Las serpientes, a diferencia de otros reptiles como los lagartos o cocodrilos, tienen un cuerpo alargado y carecen de extremidades, lo que les permite deslizarse fácilmente por el suelo. Su esqueleto está formado por un cráneo, una mandíbula inferior, entre 200 y más de 400 vértebras y costillas, y apenas quedan restos de la pelvis; no tienen hombros.

Respiran mediante un solo pulmón funcional y su sistema circulatorio es más sencillo que el de los mamíferos. Un aspecto curioso de las serpientes es que su piel no crece al mismo ritmo que el resto de su cuerpo. Por eso, a medida que crecen, necesitan desprenderse de la piel vieja para dejar espacio a la nueva. Este proceso se llama muda y es fundamental para su desarrollo y salud. Durante la muda, la serpiente se libera de la piel antigua, que a veces puede encontrarse seca en su entorno. Además, la muda ayuda a eliminar parásitos y mantener la piel en buen estado, aunque la razón principal es que la piel no se adapta al crecimiento del animal.

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