Ciro II el Grande (575 – 530 a. C.) fue un rey aqueménida de Persia (559-530 a. C.) y el fundador del Imperio aqueménida, primer Imperio persa, luego de vencer a Astiages, último rey medo (550 a. C.) y extendió su dominio por la meseta central de Irán y gran parte de Mesopotamia.

Sus conquistas se extendieron sobre Media, Lidia y Babilonia, desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush, con lo que creó el mayor imperio conocido hasta ese momento. Este duró más de doscientos años, hasta su conquista final por Alejandro Magno (332 a. C.).

Esta victoria no significó la aniquilación de los medos; como el propio Ciro se encargó de demostrar al perdonar a Astiages, la ascensión al poder de los Aqueménidas serviría para fortalecer la unión de ambos pueblos.

Esta política de integración de Persia y Media se convirtió en uno de los referentes principales del reinado de Ciro el Grande, junto con su tolerancia religiosa.

Una vez asegurada su posición en la meseta del Elam, Ciro el Grande se dispuso a continuar con su expansión territorial, marchando sobre el reino de los lidios en Anatolia, a los que derrotó en Pteria. Tras perseguir al rey de los lidios, Creso, hasta la Anatolia Occidental, lo volvió a derrotar en el «Campo de Ciro» y lo capturó al conquistar Sardes, la capital lidia.

Una vez asegurada Anatolia, puso sus ojos en Babilonia, logró llevar a cabo una rápida campaña que acabó con la sumisión de la antaño poderosa ciudad de Mesopotamia (539 a.C.).

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