La tarde del 5 de enero de 1953, Maurice Moisson, agricultor y arqueólogo aficionado, dirigía la excavación de un sondeo al pie del Mont Lassois, un importante yacimiento descubierto en 1929 junto al pueblo de Vix, en la región francesa de la Borgoña.

Cuando alcanzaron los 1,80 metros de profundidad en la excavación, se observó un fragmento de bronce era el asa, bellamente cincelada, de una gran crátera; inmediatamente fueron también desenterrados los fragmentos cerámicos de una copa ática de figuras negras sobre fondo rojo y una pátera de plata.

La crátera de Vix es la de mayores dimensiones que se conserva de la Antigüedad. Mide 164 cm de altura, 127 de ancho y pesa 208,6 kilos; tan sólo cada asa pesa 46 kilos, y 14 la tapadera de bronce. Su capacidad es de 1,100 litros.

Se descubrió una típica sepultura de carro, en todo comparable a las cámaras funerarias de los príncipes celtas de la misma época (siglo V a.C.), cuya cultura ocupó gran parte del territorio que se extendía desde Austria hasta Borgoña. El sepulcro estaba formado por un túmulo de 42 metros de diámetro, construido con piedras de gran tamaño, en cuyo centro se encontraba la cámara sepulcral.

El análisis de los huesos del difunto mostró que se trataba de una mujer, tal vez una princesa o sacerdotisa del más alto rango social, a juzgar por la riqueza de su ajuar funerario. Con una altura de 1,60 metros, la mujer murió entre los 30 y los 40 años, y fue enterrada hacia el año 480 a.C.

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