Aunque el primero en enunciar el aforismo "Dios ha muerto" fue Hegel, Friedrich Nietzsche lo llevó hasta sus últimas consecuencias en dos de sus principales obras: "Así habló Zaratustra" y "La gaya ciencia".

Advertía: "No escuchéis a aquellos que os ofrecen esperanzas celestiales". Consideraba que ninguna religión es verdad juzgándola por sus efectos sociales.

La frase no significa que Nietzsche creía que existía un Dios y había muerto, es una metáfora. El filósofo quiso expresar que el Dios cristiano no es más la fuente creíble de los principios morales absolutos.

El objetivo principal de su crítica al cristianismo fue realizar una evaluación de todos los valores morales para que el despliegue vital de los fuertes no sea impedido por los débiles. y justamente fue el cristianismo el que causó la aceptación de esa "moral del esclavo".

Nietzsche fue ateo durante su vida adulta y por lo tanto nunca creyó en la existencia de un Dios. La Ilustración, el movimiento cultural e intelectual que tuvo lugar en Europa entre fines del siglo XVII y el inicio de la Revolución francesa, aportó mayor claridad a la sociedad en una época de muchos cuestionamientos. En este movimiento enfatizó en la razón y el individualismo más que en la tradición, dejando atrás todo pensamiento impuesto por la religión.

La idea de que el universo fue creado por la autoridad divina fue reemplazada por la creencia de que el universo resultó de una serie de fenómenos físicos y químicos.

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