El castillo de Neuschwanstein fue mandado construir por el rey Luis II de Baviera, conocido como "el rey loco".

Innumerables torres y chimeneas y la cornisa con sus almenas dan su característico aspecto. Sus merlones, salientes, se alzan verticales sobre un risco en mitad de los frondosos bosques bávaros. Pero su interior no es menos fantasioso: cuenta con 360 habitaciones de las que solamente se terminaron 14 decorándose con gran lujo, en los que cuadros, tapices y leyendas son los protagonistas de sus paredes.

Parece un castillo de cuento o al menos los castillos de cuento se parecen a él, porque esta fortaleza sirvió de inspiración para el logo de Disney y el diseño del famoso palacio de "La bella durmiente" en 1959.

Su promotor fue el monarca Luis II, un auténtico fanático de la música de Wagner. Tal era su pasión que concibió su construcción como un homenaje a todas aquellas historias románticas y mitológicas que Wagner recreaba en sus obras.

De hecho, varias de las salas están decoradas con motivos de las obras líricas del compositor alemán: Lohengrin y Tannhäuser entre otras. Destaca por su belleza la Thronsaal o sala del trono de 13 metros de altura y decorada en estilo bizantino. No hay trono en ella.

El rey Luis II murió en 1886 sin haber visto finalizado aquel castillo por el que tanto suspiró. Hoy en día, es el edificio más fotografiado de Alemania y uno de los destinos turísticos más populares en ese país, con 1,4 millones de visitantes anuales.

Más información: franciscojaviertostado.com