Las reacciones transfusionales son los diferentes efectos adversos provocados por una transfusión en el receptor, que pueden ser ligeras como rubor; o graves como, fallo renal agudo, insuficiencia cardiorrespiratoria aguda y la muerte, son de etiología diversa y pueden suceder durante el acto transfusional, inmediatamente después, o posteriormente.

Por ello, independientemente de su etiología (inmunológica o no inmunológica), se clasifican en inmediatas o agudas (antes de las 24 horas de transfundir) y tardías o crónicas (después de las 24 horas de transfundir).

Las reacciones inmediatas son: reacción febril no hemolítica, reacción hemolítica aguda, reacción alérgica, edema pulmonar no cardiogénico, hipervolemia y contaminación bacteriana.

Mientras que las reacciones tardías son: reacción injerto vs huésped, púrpura post-transfusional, reacción hemolítica retardada, enfermedades infecciosas (virales) y hemosiderosis.

La sobrecarga de hierro inducida por transfusiones (hemosiderosis) es una consecuencia que puede ser fatal, asociada a transfusiones frecuentes (en anemias crónicas). Cada mililitro de sangre deposita 1,08 mg de hierro en los tejidos, este hierro comienza a afectar las funciones endocrinas, hepáticas y cardíacas cuando la carga alcanza los 20 g, (100 uds de sangre). Las complicaciones letales ocurren con 60 g (300 uds). Por lo tanto, debe considerarse la terapia con quelantes de hierro en todos los pacientes que requieran transfusiones frecuentes.

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