En la mitología griega, se decía que Helena de Troya era la mujer más bella del mundo. Estaba casada con el rey Menelao de Esparta, pero fue raptada por el príncipe Paris de Troya después de que la diosa Afrodita se la prometiera en el Juicio de Paris. Esto dio lugar a la Guerra de Troya, cuando los aqueos —uno de los nombres colectivos utilizados para el conjunto de los griegos en la Odisea y en la Ilíada de Homero— se dispusieron a reclamarla.

Cuando al fin los griegos penetraron en la ciudadela, Menelao fue al encuentro de su esposa con la intención de cumplir su propósito de venganza. Pero la visión de su belleza lo paralizó, y volvió con ella a su patria, donde ambos llevaron en lo sucesivo plácida una existencia.

Su belleza inspiró a los artistas de todos los tiempos a representarla, a menudo como la personificación de la belleza humana ideal. Las imágenes de Helena comienzan a aparecer en el siglo VII a.C. En la Grecia clásica, su rapto por Paris, o su huida con él, era un motivo popular.

Era considerada hija de Zeus. En una de las historias, Zeus, transformado en cisne, sedujo a Leda y yació con ella la misma noche que Tindáreo, esposo de Leda y rey de Esparta. Como consecuencia de ello, Leda puso dos huevos; de uno nacieron los hijos de Zeus, Helena y Pólux, ambos inmortales, y del otro los hijos de Tindáreo, Clitemnestra y Cástor, mortales. De todas maneras, se consideraba a Cástor y Pólux como gemelos y se los conocía como Dioscuros.

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