El perro egipcio Abuwtiyuw, muerto antes del 2280 a. C., ​fue uno de los animales domésticos más antiguos de los que se tenga documentación y cuyo nombre es conocido. Parece haber sido un lebrel, un perro de caza con cuerpo similar al de un galgo, orejas erguidas y cola rizada.

Se cree que fue un perro guardián real que vivió durante la dinastía VI (2345 a 2181 a. C.). Una inscripción en piedra de una lápida que lista las ofrendas del faraón para el funeral de Abuwtiyuw fue descubierta por el egiptólogo George A. Reisner en octubre de 1935

A pesar de que era común enterrar a los perros en el antiguo Egipto, el funeral de Abuwtiyuw fue inusualmente elaborado, un honor normalmente reservado para los seres humanos de la clase alta. Las ofrendas del faraón sugieren que el cadáver fue momificado, como se era habitual en los seres humanos de la época.

Heródoto documenta que en la antigua Persia los perros eran animales protegidos, teniéndoseles en la más alta estima a lo largo de su vida.​ De acuerdo con algunos griegos de la antigüedad, los perros del Antiguo Egipto eran tratados con el mismo respeto que gozaban en Persia, y eran comúnmente momificados después de la muerte antes de ser enterrados en las tumbas de su familia.​

Los antiguos egipcios y otras civilizaciones del cercano oriente creían que los perros eran seres espirituales, de forma similar a los seres humanos, y a menudo eran «asociados con deidades particulares y los poderes que ejercían».

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