De acuerdo al relato bíblico, el primer ave que Noé liberó después del diluvio fue un cuervo. Luego, como lo relata Génesis 8, Noé también liberó a una paloma. El objetivo de enviar estas aves en momentos distintos era determinar si las aguas del diluvio habían decrecido lo suficiente para que Noé y su familia dejaran el arca.

En Génesis 8:6-7 se lee que al final de los 40 días Noé abrió una ventana del arca y liberó un cuervo. El ave fue de un lado a otro hasta que las aguas se secaron. Después de los 40 días del diluvio, los picos de las montañas empezaron a ser visibles. Cuando se cumplió este tiempo, el cuervo no regresó.

No hay razones claras por las que Noé seleccionó primero a un cuervo y no a otra ave. Sin embargo, ya se conocía que el cuervo comía carroña y se alimentaría de animales muertos en el agua. La paloma, por otro lado, volvería a su punto de origen si no encontraba tierra seca. Por ello, más adelante en Génesis 8:8-9 Noé envió a una paloma para saber si las aguas habían secado y había tierra firme sobre la cual establecerse. Sin embargo, la paloma no encontró dónde llegar y se devolvió al arca. Noé repitió esta acción hasta que la paloma no regresó. Cuando esto sucedió, Noé supo que tendría un lugar donde construir un hogar.

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