Los gatos son cuadrúpedos, es decir, caminan sobre sus cuatro extremidades. Son digitígrados: caminan sobre sus dedos. Las patas delanteras tienen cinco dedos, uno de los cuales no apoya sobre el suelo, y las traseras tienen cuatro dedos.

Las patas de los gatos son altamente flexibles y articuladas, lo que les permite moverse de manera ágil y silenciosa. Las almohadillas de las patas están cubiertas de tejido grueso y resistente, que proporciona tracción y protección a medida que el gato camina, salta o corre.

Tienen garras retráctiles. Las garras están cubiertas por la piel que rodea las almohadillas de los dedos.

Está extendido el mito de que los gatos siempre aterrizan sobre sus patas si sufren una caída. Se denomina reflejo de enderezamiento a esta capacidad, pero no siempre un gato consigue recobrar la posición ideal antes de alcanzar el suelo. Las caídas desde lugares elevados suponen riesgo de heridas, que pueden ser graves.

Sus patas son una parte fundamental de su anatomía y juegan un papel clave en su movilidad y supervivencia.

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