La Torre Eiffel, diseñada en 1884 por Maurice Koechlin y Émile Nouguier, y erigida entre 1887 y 1889 por el ingeniero francés Alexandre Gustav Eiffel y sus colaboradores, fue criticada duramente por numerosos diseñadores de la época.

Cuestionaban sobre el esteticismo de la gran torre. No les parecía lo suficientemente impresionante como para ser la edificación más alta de la ciudad, pero para asombro de los detractores, los franceses y habitantes del mundo la recibieron con entusiasmo, lo que se tradujo en millones de visitas.

Gustav Eiffel acumuló una fortuna con todo el interés que despertó esta obra maestra. Construyó en el tope de la pieza arquitectónica una pequeña habitación de la que casi nadie tenía acceso y que posee la vista más privilegiada de París.

En algunas oportunidades recibió visitas de su amigo Thomas Edison, que agradecido por la “exclusiva” le regaló un fonógrafo, su invento más reciente en aquel periodo.

Con el pasar de los años, el secreto se fue esparciendo y la élite parisina trató de persuadir al ingeniero para que les permitiera explorar su pequeño refugio por una sola noche. Pero Eiffel negó tajantemente cada oferta.

Ni siquiera después de su muerte pudieron descubrir que había en la cúspide del gigante metálico. Su recelo con aquel lugar era tal, que se mantuvo abandonado durante décadas, hasta que en 2015 el apartamento secreto de la Torre Eiffel le abrió las puertas al público cuando pasó a ser propiedad de la Ciudad de París.

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