Ubicadas siempre cerca de un curso de agua, cada aldea tenía espacios propios y bien definidos para cazar, pescar y cultivar.

Las "Tekoas" o aldeas eran verdaderas fortalezas rodeadas por empalizadas dobles y fosos disimulados, con el interior lleno de estacas afiladas. Protegidas por estas defensas, se levantaban entre cuatro y ocho casas comunales o "malocas", distribuidas alrededor de una plaza donde transcurrían la vida social y las ceremonias.

La "maloca" de unos 50 metros de largo, tenía armazón de troncos y estaba techada con ramas y hojas de palmera. Podía albergar hasta 200 personas de varias familias emparentadas que formaban un mismo linaje o "tevy".

Las aldeas tenían un cacique que se denominaba "tuvichá", que debía reunir tres condiciones: ser el más valiente, el más generoso y el mejor orador de la comunidad.

Las guerras no sólo le daban prestigio sino el derecho a obtener mujeres cautivas como botín. El jefe solía casarse con varias mujeres y tenían muchos hijos.

De este modo disponía del apoyo de numerosos parientes políticos que lo ayudaban a trabajar más parcelas de tierra y lograr más cosechas.

Se destacaba entonces en las fiestas, donde podía ofrecer abundantes bebidas, preparadas por sus muchas esposas y gran cantidad de carne, cazada por sus muchos cuñados.

El "tevichá" debía ser buen orador, ya que no daba órdenes a su pueblo sino que debía convencerlo, si alguien estaba descontento, podía abandonar la tekoa, unirse a otra o fundar una nueva.

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