Las guardas de un libro se encuentran situadas en su parte interior. Son hojas hechas de papel que se colocan dobladas para unir el libro y la tapa.

El encuadernador suele utilizar generalmente un papel distinto al de la tapa y al del cuerpo del libro, además de emplear un color y un gramaje diferentes. Pero es muy frecuente que en las guardas de los libros haya una ornamentación relacionada directa o indirectamente con el contenido, y que le da un acabado estético y decorativo único. Por eso, en no pocas veces, las guardas son parte de la magia de tener un libro en las manos.

Las guardas tienen diferentes funciones en el libro, pero la más primordial es la de unir la parte interna y la externa del volumen, al menos en su creación industrial. Antiguamente, solían unirse con soportes de costura como las cintas o las cuerdas.

A veces, las guardas se utilizan para colocar mapas u otra información relevante. Son el lugar tradicional para colocar la «ex libris» o la inscripción del propietario.

A fecha de 2010, hay muchos estilos de guardas o guardas diseñadas específicamente para su uso en diferentes encuadernaciones. Por ejemplo, las guardas reforzadas con tela se utilizan en las encuadernaciones cosidas. La tela sujeta las puntadas y evita que el papel se perfore y se rompa.

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