La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que consume, lo que provoca un desequilibrio en los electrolitos y afecta el funcionamiento normal del organismo. Este estado puede deberse a causas como sudoración excesiva, fiebre, vómitos o diarrea. Incluso una pérdida de líquidos equivalente al 1-2% del peso corporal puede reducir notablemente el rendimiento físico y mental.

La deshidratación no solo afecta a deportistas o personas expuestas al calor, sino que también puede presentarse en niños pequeños y ancianos, quienes son especialmente vulnerables. Los síntomas pueden incluir sed intensa, sequedad en la boca, fatiga, mareos y orina oscura. En casos graves, la deshidratación puede poner en peligro la vida y requiere atención médica inmediata para restablecer el equilibrio de líquidos y electrolitos. Por eso, es fundamental beber suficiente agua a lo largo del día, especialmente durante el ejercicio o en climas calurosos.