El Curupira es un ser fantástico del folclore popular de Brasil, se dice que vive en las selvas del Amazonas. Es el guardián de los árboles y de los animales castiga a los agresores de la naturaleza y al cazador que mate por placer.

Es un niño de baja de estatura, de pies al revés y pelirrojo cuya función principal es proteger los animales y a los árboles. Le gusta sentarse bajo las árboles a disfrutar de sus frutos, se dice que una vez que se siente observado o amenazado sale corriendo a una gran velocidad, existen Curupiras que encantan niños malos y a los cazadores despiadados que maltratan a los animales y dañan la naturaleza.

Es muy poderoso y fuerte. Sus pies para atrás sirven para despistar a los cazadores, dejándolos siempre que sigan pistas falsas. Quien lo ve, pierde totalmente el rumbo, y no sabe cómo encontrar el camino para volver. Es imposible capturarlo. Para atraer sus víctimas, las llama con gritos que imitan la voz humana.

Según cuenta la leyenda, suele llevarse a niños pequeños a vivir con él dentro de los bosques para enseñarles a amar la naturaleza y a que entiendan los secretos que albergan los bosques. Cuando los niños cumplen 7 años los devuelve con su familia para que compartan lo aprendido.

El día de Curupira se celebra el 17 de julio, el estado de São Paulo lo nombró por ley en 1970 como “símbolo del estado, guardián de los bosques y de los animales que viven en ella”.

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