El sable corvo fue adquirido por San Martín en su estancia en Londres, poco después de dejar España y antes de embarcarse a Sudamérica. Se destaca por su sencillez, no posee piezas de oros, arabescos ni otros materiales costosos populares para la época. Más adelante, San Martín armaría a su Regimiento de Granaderos a Caballo armas similares, ya que las consideraba ideales para los ataques de carga de caballería.

Tras el retiro de San Martín en Europa, posterior a la entrevista de Guayaquil, el arma quedó en la ciudad de Mendoza en manos de una familia amiga. En una carta posterior escrita a su yerno Mariano Balcarce y a Merceditas les solicita que le envíen la espada a Europa, quedando en su posesión hasta su muerte del 17 de agosto de 1850.

Antes de morir San Martín legó su sable al gobernador Juan Manuel de Rosas, como agradecimiento y felicitación por su obra realizada con valentía y patriotismo en la Vuelta de Obligado contra los ingleses.

José de San Martín, visto su mal estado de salud, expresa en su testamento que "el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla".

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