Los galos eran los pueblos que habitaron lo que hoy es Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y las zonas de Países Bajos y Alemania al oeste del río Rin y una franja aún poco determinada de este último país, a la orilla derecha del río.

Los griegos les llamaron celtas hasta que los romanos les denominaron (galos), y a su gran región la Galia. Ya los mismos romanos habían notado esto, por lo que hacían una diferencia entre la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes) y la Galia Transalpina (del otro lado de los Alpes).

Los galos (o celtas) se extendieron por toda Europa desde siglos antes de la llegada de los romanos. Era gente en continua migración, a quienes los griegos llamaron keltói, aunque se piensa que con este nombre no estaban señalando a un único pueblo, sino a esa gente que se desplazaba y se situaba en determinados territorios, identificándolos realmente con los hiperbóreos.

Julio César se dirigió contra las tribus celtas de las Galias entre el 58 y el 51 a.C y escribió sus experiencias (sobre la guerra de las Galias). La región que entonces conquistaría César era la Galia Transalpina, donde se hallaba incluida la Gallia Comata. César describió a los galos como individuos inteligentes, muy activos, impulsivos e inestables.

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