Gertrude Bell (1868-1926) fue una arqueóloga y escritora británica, reconocida por dibujar el mapa de Irak tras la caída del Imperio otomano en 1919. Ayudó a crear el Museo Nacional de Irak, siendo una convencida de que las piezas arqueológicas debían estar en sus lugares de origen, y no trasladarse a otros lugares.

Enamorada de los viajes, visitó sitios como Siria, Jerusalén, Petra, Palmira, siempre buscando puntos para realizar excavaciones y aprender de investigadores como David Hogarth, del British Museum.

No sufrió problemas económicos gracias a que su padre, Hugh Bell, era el heredero de sir Isaac Lowlluan Bell, abuelo de Gertrude, uno de los magnates del sector siderúrgico.

El descubrimiento de los desiertos árabes se lo debemos a Bell, quien en 1907 viajó a ciudades como Jerusalén, Damasco, Beirut, Antioquía y Alejandría.

Su interés era dejar un testimonio escrito como gráfico, por ello el libro Siria: el desierto y la siembra cuenta como un valioso documento gracias a sus ricas descripciones y a las imágenes.

Mesopotamia era un territorio aún por explorar por ello decidió sumergirse en ese mundo de ciudades construidas en ladrillo sin cocer y montículos cónicos.

Su principal descubrimiento, fue la fortaleza-palacio de Ujaidi, que tenía torres redondas y paredes de argamasa. Su pasión fue siempre la arqueología, eso la hacía ir a diferentes lugares, con el fin siempre de hacer nuevas excavaciones y acumular objetos que hablaran sobre la cultura mesopotámica.

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