Los ‘smartphones’ constituyen uno de los objetos más populares en la sociedad; raro es el caso de una persona que no posea un teléfono de estas características.

Para las pantallas táctiles se utiliza principalmente el vidrio de aluminosilicato, una mezcla de óxido de aluminio y de dióxido de silicio, que se colocan en sales fundidas a altas temperaturas, para que los iones de sodio más pequeños dejen el vidrio, y los iones de potasio ocupen su sitio. Estos ocupan más espacio, por lo que comprimen más el vidrio cuando este se enfría, aumentando su fuerza y resistencia al daño.

Posteriormente, para permitir la funcionalidad táctil, se le dota de una delgada capa semiconductora de óxido de estaño e indio. Además, otros elementos menos comunes también están presentes en pequeñas cantidades para contribuir a la producción de colores de la pantalla.

Como el cuerpo humano conduce la electricidad, cuando tocamos la pantalla modificamos el campo electrostático de la capa semiconductora. El teléfono calcula entonces dónde se ha producido este cambio para saber dónde hemos puesto el dedo.

El óxido de indio y estaño se utiliza en más del 90 por ciento del mercado de pantallas. En los últimos años ha estado aumentando de precio, por lo que los fabricantes han buscado una posible sustitución, pero hasta ahora, nada ha alcanzado la combinación que ofrece de transparencia óptica, conductividad eléctrica y facilidad de fabricación.

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