Un cuarteto de cuerdas clásico está compuesto por dos violines, una viola y un violonchelo. La viola, aunque a veces menos conocida que el violín, es fundamental porque conecta los registros agudos de los violines con los graves del violonchelo, aportando equilibrio y riqueza sonora al conjunto. Su tamaño es ligeramente mayor que el del violín y su sonido es más cálido y profundo, lo que le permite destacar en pasajes melódicos y armónicos.

La viola suele encargarse de las voces intermedias, creando una textura musical compleja y envolvente. Grandes compositores como Haydn, Mozart y Beethoven han dado a la viola un papel destacado en sus cuartetos, aprovechando su capacidad expresiva para transmitir emociones sutiles y matices únicos. Aunque a menudo pasa desapercibida frente a otros instrumentos, la viola es esencial para lograr la sonoridad característica y el equilibrio de un cuarteto de cuerdas, siendo muy apreciada por músicos y aficionados a la música de cámara.