El reloj marcaba exactamente las 6 de la mañana cuando el "Hikari No. 1" partió de la plataforma 9 en la estación de Tokio. Cuatro horas después, el primer tren bala del mundo llegaba a Osaka, reduciendo el tiempo de viaje de 513 km de casi siete horas a solo cuatro. Hoy en día, el Shinkansen más moderno realiza este trayecto en tan solo dos horas y 25 minutos.

El Shinkansen se ha convertido en un símbolo de Japón, representando la tenacidad y disciplina del pueblo japonés. Su inauguración fue un testimonio del resurgimiento de Japón tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial y las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Este tren no solo revolucionó el transporte, sino que también mostró al mundo la capacidad de innovación y recuperación del país.

La idea de un tren ultrarrápido surgió a finales de la década de 1930. Inspirados por los trenes alemanes y británicos que alcanzaban velocidades de hasta 210 km/h, los japoneses comenzaron a investigar nuevas tecnologías, impulsados por la expansión militar y económica del periodo anterior a la guerra. Este esfuerzo culminó en la creación del Shinkansen, que sigue siendo un referente en el transporte ferroviario mundial.

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