En 1891, el antropólogo Juan Vucetich científico croata nacionalizado argentino, trabajaba para el Departamento Central de Policía de La Plata, en Argentina. Vucetich se interesó por los trabajos del inglés Francis Galton, y basándose en ellos ideó un método para comprobar el parecido entre huellas dactilares, algo que en 1891 puso en práctica recogiendo las huellas de veintitrés presos, creando el sistema de identificación por huellas dactilares, procedimiento que permitió encontrar asesinos y prófugos pero también, llevar un registro íntegro de las personas dentro del país.

El término proviene de las voces griegas daktylos -dedos- y skopein -ver-. Juan Vucetich, publicó en 1888 un tratado de dactiloscopia comparada.

Tres años después, la policía abrió el primer archivo de huellas con las tomadas a 23 procesados. En 1890, los ingleses elaboraron un sistema dactiloscópico similar, conocido como Galton-Henry, que Scotland Yard comenzó a aplicar en 1900. Tres años después, el francés Alphonse Bertillon comenzó a usar la dactiloscopia como herramienta forense.

Las huellas dactilares en la actualidad no solo sirven para identificar criminales, sino que se han convertido en un sistema habitual de identificación en, por ejemplo, los documentos nacionales de identidad, como sistema de fichar en una oficina o incluso para llevar a cabo tareas tan cotidianas como desbloquear nuestro smartphone o realizar compras o cualquier otra tarea a través del teléfono móvil

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