El Tratado de Nérchinsk, firmado el 27 de agosto de 1689, fue el primero suscrito por China con una potencia europea, en este caso el Imperio ruso.

El tratado delimitaba de forma oficial las fronteras entre China y Rusia y ponía fin a una serie de conflictos entre las tropas chinas estacionadas en Manchuria y diversas colonias rusas como Albazín (Óblast de Amur) y Nérchinsk, pobladas en su mayor parte por cosacos rusos y tunguses.

Por medio de este tratado, Rusia renunciaba a cualquier reclamación sobre la región del Amur, que hasta entonces había sido su vía de salida hacia el mar de Ojotsk, y reconocía los límites de su imperio en la cordillera de Stanovói y el río Argún. En consecuencia, Albazín, que quedaba en territorio chino, fue destruida y abandonada. Pedro el Grande conseguía como contrapartida una paz duradera con el emperador Kangxi y sus descendientes, además de privilegiadas relaciones comerciales con el Imperio Qing.

Las condiciones de Nérchinsk se mantuvieron hasta la firma de los tratados de Aigún (1858) y Pekín (1860), cuando Rusia forzó a la debilitada dinastía Qing a cederle importantes territorios en la zona del río Amur y Asia Central en lo que se conoce como uno de los tratados desiguales. Estos últimos tratados establecieron la mayoría de las actuales fronteras de China y Mongolia, con Rusia.

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