Según la Fundación Española del Corazón, el trombo es "un coágulo de sangre que se forma en un vaso sanguíneo y permanece allí". El hecho de permanecer adherido en un punto concreto del vaso es justo lo que lo diferencia del émbolo, que es el nombre que recibe cuando se desprende, y empieza a desplazarse a otro lugar en el cuerpo, arrastrado por la corriente sanguínea.

El trombo puede obstruir la circulación de la sangre en el lugar donde se forma, impidiendo el suministro de oxígeno y flujo sanguíneo a los tejidos circundantes, que dejarían de estar bien irrigados. Este peligroso atasco puede ocasionar un daño, una destrucción (infarto) e incluso una muerte o necrosis de los tejidos que se encuentren en la zona.

En circunstancias normales, el mismo proceso que origina el trombo es útil para evitar el sangrado, por ejemplo, producido por una herida que rompe un vaso sanguíneo. La sangre pierde su condición líquida y se convierte en un coágulo, es decir, una consistente masa compuesta de plaquetas, glóbulos rojos y fibrina (una proteína filamentosa que lo une todo). Un ingenioso sistema para taponar la herida y repararla enseguida.

Pero cuando este proceso sobrepasa la respuesta normal defensiva y se obstruyen vasos sanguíneos, sobre todo en sitios clave del corazón, cerebro o miembros, se dan las condiciones de la llamada trombosis, la cual puede acarrear un infarto cardiaco o cerebral, por ejemplo.

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