En la mitología griega, Calipso («la que oculta») era una ninfa que vivía en la isla de Ogigia, donde, según la Odisea de Homero, detuvo a Odiseo durante siete años. Calipso le prometió a Odiseo la inmortalidad si se quedaba con ella, pero Odiseo prefirió regresar a casa.

La figura de Calipso en la Odisea representa el poder y la tentación femenina, y su historia forma parte de las numerosas pruebas y aventuras que enfrenta Odiseo en su arduo viaje de regreso a casa.

Calipso intentó que Odiseo olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella en Ogigia. Pero el héroe se cansó pronto de sus agasajos y empezó a añorar a su esposa: Penélope.

Viendo esta situación, Atenea intervino y acudió a Zeus, que envió a su mensajero Hermes, y Calipso, viendo que no tenía más opción que obedecer, dio a Odiseo materiales y víveres para que se construyera una balsa y continuara su viaje. Odiseo se despidió de ella, no sin cierto recelo por si se tratara de una trampa, y zarpó.

Homero la llama «atlántide», esto es, hija de Atlas;​ no obstante no menciona a la madre. La versión hesiódica dice que era hija de Océano y Tetis, y como tal una de las oceánides.

En la Titanomaquia, cuando los titanes perdieron la guerra, los Olímpicos castigaron a Calipso, por ser hija de Atlas, enviándola a Ogigia.

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